Cómo la industria floral está pasando a envases sostenibles

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Cómo la industria floral está pasando a envases sostenibles

En pocas palabras: qué está pasando realmente en el mercado

Por qué el embalaje se volvió estratégico: calidad, coste y residuos

En el negocio de las flores, el embalaje dejó hace tiempo de ser solo un “envoltorio bonito”. Ayuda a mantener la presentación comercial en cada etapa de la cadena: reduce el roce y el aplastamiento durante el transporte en cajas, mantiene la forma del manojo, influye en la humedad y la condensación alrededor del botón y ayuda en la transición del frío a un entorno cálido. Por eso, cualquier sustitución de material se refleja rápidamente en mermas y devoluciones, y no solo en la sensación de “ecología”.

Un par de términos para evitar confusiones: los sleeves (fundas) son el envoltorio externo, de papel o film, alrededor de un ramo o un manojo, que protege y da forma a la presentación comercial.

En paralelo, el embalaje se convirtió en un componente de coste que hoy se evalúa de forma más amplia que el “precio por funda”. En la práctica se contabiliza:

  • costes directos (compra de embalaje, merma en el armado),
  • pérdidas de calidad (daños en la recepción, descartes, devoluciones),
  • efectos operativos (velocidad de armado, estabilidad de los lotes de embalaje),
  • el destino del residuo en las regiones objetivo (si existe flujo de reciclaje o compostaje industrial).

Por eso, el mercado recurre cada vez más a comparar el ciclo de vida y los escenarios de uso, y no a la etiqueta “bio”: el LCA (análisis/ evaluación del ciclo de vida) permite comparar el embalaje por su impacto total a lo largo del recorrido — producción → uso → eliminación/reciclaje. Un buen ejemplo de esta comparación por escenarios aplicada a fundas es la evaluación LCA de Royal FloraHolland / Partners for Innovation.

Tres motores del cambio: regulación, retail y expectativas del consumidor

1) Regulación y compromisos sectoriales

Cadenas minoristas y marcas en el Reino Unido asumen públicamente compromisos que también afectan a la categoría de flores. El “UK Plastics Pact Roadmap to 2025” establece el marco para que el embalaje plástico pase a soluciones aptas para la reutilización, el reciclaje o el compostaje para 2025.

En paralelo, dentro de la cadena florícola existe un motor sectorial: la Floriculture Sustainability Initiative (FSI 2025). Lo importante es que no se trata de “un material por otro”, sino de reglas comunes de sostenibilidad para toda la cadena, con tres líneas de trabajo y objetivos medibles, incluida la reducción de la huella de carbono del producto (PCF) y una rendición de cuentas transparente, con verificación adecuada (due diligence).

El marco normativo de la UE (PPWR) sirve para entender los plazos. El Reglamento sobre envases y residuos de envases (PPWR) entró en vigor el 11 de febrero de 2025 y, con carácter general, empezará a aplicarse el 12 de agosto de 2026. A partir de ahí marca una trayectoria clara para el mercado: los envases deben diseñarse para ser reciclables de cara a 2030; en el caso de los envases plásticos se refuerza el foco en aumentar el contenido reciclado, y también se introducen restricciones para determinados formatos de envases plásticos de un solo uso. Para el negocio de las flores, esto no es una “nota legal”, sino una explicación de por qué se aceleran cadenas y proveedores: los cambios en materiales y diseños habrá que demostrarlos con antelación — antes de la fecha de aplicación de los requisitos— o existe el riesgo de chocar con especificaciones actualizadas y lógicas de EPR en envases.

2) Presión del retail por cambios rápidos y verificables

Las cadenas suelen empezar por lo más visible y masivo: las fundas (envoltorio de exposición). Es un patrón típico: primero se elimina plástico donde el efecto es evidente para el comprador y es más fácil controlar el impacto en calidad.

3) Expectativas del consumidor y demanda de señales ambientales claras

El embalaje es uno de los primeros marcadores de “sostenibilidad” a ojos del público, pero eso no sustituye el requisito básico de frescura. Revisión de preferencias del consumidor: https://sustainabloom.org/industry-guide/consumer-preferences.

Los materiales del Floral Marketing Fund añaden datos sobre actitudes y disposición a pagar más (con matices por metodología y segmentos).

La conclusión práctica para el negocio es simple: el embalaje puede reforzar la confianza, pero las pérdidas de calidad casi siempre “se comen” ese efecto más rápido.

A continuación, un mapa resumido de cómo estos tres motores suelen traducirse en la práctica.

Motor Qué cambia en los requisitos Dónde suelen empezar los cambios
Compromisos/objetivos sectoriales Fórmulas como “recyclable / reusable / compostable where facilities exist”, prohibiciones de ciertos formatos Especificaciones de retail, licitaciones, reporting
Retail Sustitución del plástico en elementos visibles, reducción de “capas innecesarias” Fundas/envoltorios, elementos de marca
Consumidores Demanda de materiales comprensibles y formulaciones honestas Papel, minimización de plástico en la exposición

Idea clave: el mercado no se mueve “a lo bio”, sino hacia una combinación de soluciones

Los casos reales y los documentos del sector muestran que un solo material no cubre a la vez la exposición, la entrega, el mayorista y los tramos internacionales con transbordos. Por eso se está formando un conjunto de enfoques, donde cada uno responde a su tarea.

  • El papel suele cubrir la exposición y parte de la logística, sobre todo cuando el flujo de residuos de papel en la región está bien establecido.
  • Los materiales compostables aparecen de forma puntual, y su sentido depende de la infraestructura. Como referencia de materia prima y formatos, a menudo se cita la familia de films celulósicos NatureFlex.
  • Donde no hay compostaje, pero PP/PE sí se aceptan realmente para reciclaje, el paso más práctico es pasar a un embalaje de un solo polímero (monomaterial). Así lo formula Broekhof: sus fundas Recy® están hechas de PP monomaterial, más fácil de reciclar, aunque la disponibilidad del reciclaje depende de la región.
  • El PCR y los modelos circulares avanzan en paralelo como forma de reducir la proporción de materia prima virgen, pero el resultado depende de la calidad de la recogida y del reciclaje.
  • Los envases reutilizables destacan sobre todo en cadenas B2B donde existen puntos de retorno. Para entender la lógica y los formatos, se puede partir de los materiales de Royal FloraHolland sobre embalaje sostenible.

La tesis práctica clave de todo el artículo: el efecto ambiental y las pérdidas de calidad están directamente vinculados. Si un nuevo embalaje provoca más daños o acelera el marchitamiento, el coste de los descartes puede superar fácilmente cualquier ventaja por material.

Por qué el sector elige una combinación y no un único material “para todo”

Papel: un fin de vida más claro y adopción masiva en retail

El papel ganó impulso porque, para el comprador y para muchos sistemas urbanos de residuos, resulta más comprensible que un “nuevo bio-material”. En flores, esto se traduce sobre todo en fundas y envoltorios. 

Aun así, en flores el papel casi siempre se enfrenta a estas condiciones:

  • humedad y condensación (transiciones frío/calor),
  • resistencia y estabilidad de forma (aplastamiento en cajas y durante transbordos),
  • recubrimientos (la resistencia a la humedad puede empeorar el reciclaje: hay que comprobarlo para cada papel y para los flujos locales).

Soluciones compostables: uso puntual y dependencia de la infraestructura

Los formatos compostables en flores aparecen con más frecuencia donde no se puede prescindir de la “transparencia” o de la protección frente a la humedad y el objetivo es alejarse del plástico convencional. Un tipo típico de estos materiales son los films celulósicos posicionados como compostables.

Pero sin infraestructura de compostaje industrial, la trayectoria real del residuo a menudo no coincide con las expectativas: el material puede declararse compostable, pero en la práctica acaba en residuos mezclados o en vertedero. Esto se analiza en detalle en el informe académico de la University of Surrey sobre plásticos, embalaje y residuos en floricultura.

Un nicho aparte son los elementos de hidratación, donde el papel a menudo no cubre la necesidad. Un ejemplo de producto comercial con hidratación declarada como compostable: Menagerie hydration wrap — un kit para hidratar flores cortadas durante transporte/entrega (envoltura absorbente + bolsa compostable + gomas), que mantiene los tallos húmedos sin fugas y permite transportar un ramo incluso en horizontal.

Limitación de datos: en la ficha del producto no siempre se ve con qué normas se declara la compostabilidad y en qué condiciones se valida; hay que confirmarlo en la especificación y en los certificados del material.

Reciclaje y mono-material: un escenario transitorio práctico

Donde el compostaje industrial no está disponible y la recogida y el reciclaje de PP/PE están establecidos, el mercado tiende a elegir una construcción de embalaje simplificada: un material en lugar de combinaciones multicapa, menos recubrimientos y capas, y un etiquetado claro.

El sentido práctico para el negocio de las flores es el siguiente: el embalaje de un solo material suele ser más consistente de lote a lote y puede comportarse de manera más predecible en la cadena de frío en tramos largos, pero el efecto ambiental depende de si entra o no en el flujo real de recogida y reciclaje en un país o ciudad concretos.

PCR y modelos circulares: qué aporta y cuáles son sus límites

PCR (post-consumer recycled) es materia prima procedente de residuos posteriores al consumo. En fundas y films para flores, el PCR permite reducir la proporción de plástico virgen sin un cambio radical en el comportamiento del material en logística. Ejemplo de producto: fundas PCR de Paardekooper.
Resumen de noticia sobre fundas hechas con residuos plásticos: https://aiph.org/floraculture/news/broekhof-launches-flower-sleeve-made-from-plastic-waste/.

Es importante decirlo sin rodeos: el PCR sigue siendo plástico. El efecto ambiental depende de la calidad de la recogida/clasificación/reciclaje y de que el producto no se convierta en un composite multicapa que luego no se recicla. Por eso, el tema de capas, impresión y recubrimientos aparece de forma recurrente en las publicaciones del sector.

Envases reutilizables: una vía aparte de sostenibilidad en la logística B2B

Los formatos reutilizables se manifiestan con más fuerza donde hay suministros regulares y puntos de retorno: subastas, hubs, centros de distribución. En flores, esto se traduce en cubos/contendores retornables y envases estandarizados. Royal FloraHolland trabaja el tema de forma sistemática, y se puede consultar en su web:

La limitación que no se puede ignorar: la reutilización solo funciona con disciplina de retorno. Si no hay un retorno organizado, el “envase reutilizable” se convierte rápidamente en pérdidas de inventario y costes adicionales por reposición.

Cómo distinguir una implantación real del marketing

Indicadores de un caso práctico: qué se sustituyó, material y condiciones de uso

En este tema es fácil perderse en afirmaciones del tipo “eco”, “bio”, “sostenible”. Para un texto de enfoque analítico solo sirven los casos en los que queda claro qué se sustituyó, por qué se sustituyó, dónde funciona y cuáles son las limitaciones.

Conjunto mínimo de señales para considerar un caso como práctico:

  • Concreción sobre el objeto de la sustitución. No “hemos reducido el plástico”, sino “las fundas plásticas para ramos se sustituyeron por envoltorio de papel”.
  • Material y construcción claramente identificados. “Papel”, “film celulósico”, “PP/PE mono-material”, “funda con contenido de PCR”. Si solo dice “eco-friendly film”, no es un material: es un eslogan.
  • Marco de aplicabilidad. Exposición, entrega, mayorista, aérea, hubs, última milla: si el autor no dice dónde se probó la solución, casi siempre es una experiencia local difícil de trasladar. Un buen ejemplo con formato concreto y contexto de campaña: Waitrose “wrap-free” (Reino Unido, 2022).
  • Al menos un periodo/año de implantación. Es importante porque requisitos y materiales cambian rápido, y el “cuándo” afecta la interpretación.

Nota práctica para el lector: incluso con una buena descripción del caso, no se puede trasladar automáticamente a otro mercado. El motivo casi siempre es el mismo: distinto fin de vida y distinta logística (distancia, transbordos, régimen térmico). Por eso, más adelante la lógica del artículo será: caso → condiciones → qué hay que verificar en tu propia cadena.

Fuentes primarias: informes, especificaciones, LCA y guías sectoriales

Las afirmaciones más fiables son las que dejan “rastro” en documentos primarios. En este tema suelen ser cuatro tipos de fuentes.

  1. Sección de sostenibilidad de la empresa / política oficial de embalaje. Por ejemplo, la descripción del embalaje de entrega de Bloom & Wild (Reino Unido): página sobre embalaje.
    Ventaja: es una fuente oficial. Desventaja: las formulaciones suelen ser generales y los detalles de materiales hay que verificarlos en las especificaciones.
  2. LCA y comparación por escenarios de uso. Para el embalaje floral, el LCA (análisis/ evaluación del ciclo de vida) es útil porque compara soluciones no por la “etiqueta eco”, sino por el impacto total a lo largo de todo el recorrido — de la producción a la eliminación/reciclaje — y en escenarios concretos de aplicación. Ejemplo: revisión LCA de fundas de Royal FloraHolland / Partners for Innovation.
  3. Revisiones sectoriales y académicas sobre residuos y embalaje. Aportan lenguaje, errores típicos y formulaciones correctas para las declaraciones. Si hubiera que quedarse con una sola fuente que cubra el tema de forma sistemática, tiene sentido citar la revisión académica de la University of Surrey, mencionada anteriormente.
  4. Especificaciones y materiales de proveedores de materia prima/embalaje. Son útiles para entender propiedades del material, pero no se deben leer como “garantía de resultado en logística”, porque el proveedor describe el material en condiciones de ensayo. Ejemplos:
    1. films celulósicos NatureFlex
    2. enfoque de Broekhof sobre sostenibilidad y materiales

Observación: cuanto más cerca está la fuente de la realidad operativa (LCA, especificación, informe de embalaje con condiciones de aplicabilidad), menos espacio queda para el marketing.

Señales de alerta: “biodegradable” sin aclarar dónde y cómo se gestiona al final de vida

La palabra “biodegradable”, por sí sola, casi no dice nada sobre qué ocurrirá con el embalaje tras su uso. En la práctica es una señal de riesgo si:

  • no se indica en qué condiciones se degrada el material (compostaje industrial, compostaje doméstico, suelo, medio marino: son regímenes distintos);
  • no hay una formulación clara del tipo “compostable en instalaciones industriales” o “reciclable donde exista infraestructura”;
  • no se explica qué sucede en los países y ciudades donde se vende el producto: si hay recogida selectiva, compostaje, aceptación en reciclaje.

El criterio es simple: si se llama “bio” a un material, pero la descripción no responde a la pregunta “a dónde irá tras la venta y qué se hace realmente allí con él”, no se puede hablar de un efecto ambiental verificado.

Términos sin confusión: biodegradable, compostable, reciclable, reutilizable

Biodegradable ≠ compostable: qué importa en el fin de vida real

Biodegradable es una característica de degradación del material por acción de microorganismos bajo determinadas condiciones. Sin condiciones, la palabra no describe un resultado real.
Compostable es un término más operativo porque implica un proceso controlado, pero también requiere una precisión: dónde se compostará exactamente.

Por qué importa en flores: el mismo film puede ser “biodegradable” en condiciones de laboratorio, pero en el flujo real de residuos acabar en basura mezclada y no aportar el efecto declarado. 

Industrial composting vs home composting: por qué cambia el sentido del embalaje

El compostaje industrial es un régimen controlado (temperatura, humedad, aireación, volteo) en el que los materiales compostables se descomponen en los plazos definidos por la norma. El compostaje doméstico es el compostaje en casa: el régimen suele ser irregular y a menudo “frío”, por lo que ni los plazos ni el resultado están garantizados.

Para el negocio de las flores, la conclusión es simple: un embalaje puede declararse compostable, pero si en las ciudades y países de venta no existe infraestructura industrial, casi con seguridad acabará en el residuo general. Por eso, en la especificación es importante indicar las condiciones de compostaje (dónde y bajo qué régimen), y no limitarse a la etiqueta “compostable”.

Limitación: en los materiales públicos del proveedor no siempre se ve qué normas y condiciones están confirmadas; hay que comprobarlo en la especificación y en los certificados.

Reciclaje y monomaterial: cuándo puede ser más sostenible que lo “bio”

El reciclaje puede dar un efecto ambiental más claro que la compostabilidad si, a la vez, se cumplen tres condiciones:

  1. en la región existe realmente recogida y reciclaje del material necesario (PP/PE);
  2. el producto está hecho de un solo polímero (monomaterial), sin capas, laminaciones ni construcciones “ensambladas”;
  3. el etiquetado y la clasificación no se rompen por recubrimientos, impresión densa, adhesivos u otros aditivos.

En la floricultura esto es especialmente crítico para fundas y films: las soluciones multicapa y los recubrimientos suelen convertir el embalaje en “reciclable en teoría”, pero en la práctica no pasa la clasificación o no lo aceptan los recicladores. Por eso, los proveedores promueven cada vez más el monomaterial y el reciclaje como la vía más operativa allí donde la infraestructura existe de verdad.

El contexto general sobre qué es lo que impide el reciclaje en floricultura está recogido en esta guía sectorial: https://www.sustainablefloristry.org/ppw-guide/

PCR: qué es y por qué sigue siendo plástico

PCR (post-consumer recycled) es materia prima reciclada procedente de residuos “post-consumo”: materiales que ya se usaron, se recogieron y se procesaron de nuevo hasta granza/materia prima.

En el embalaje de flores, el PCR aparece sobre todo en fundas y films: el plástico sigue siendo plástico, pero se reduce la proporción de material virgen.

Es importante fijar la limitación con honestidad: el PCR, por sí solo, no resuelve el problema de los residuos. El efecto depende de lo bien que funcionen la recogida y el reciclaje, y de que el producto siga siendo reciclable (sin multicapa ni recubrimientos pesados). Por eso, los documentos sectoriales señalan regularmente los materiales mixtos como uno de los problemas de base.

Dónde se genera más plástico en la cadena de suministro de flores

Fundas y films: exposición, armado y transporte

La fuente más visible de plástico son las fundas y los films alrededor de ramos y manojos. Tienen una vida corta: exposición → compra → residuo. Por eso, el retail suele empezar precisamente aquí, logrando un efecto medible dentro de la categoría.

A la vez, una funda no es un detalle neutro. Reduce el roce, ayuda a mantener la forma y disminuye el riesgo de defectos mecánicos. Por eso, al cambiar de material hay que mirar humedad y condensación: un film hermético y el papel se comportan de manera diferente. 

Hidratación y protección de tallos: bolsas con agua, inserts, viales

La segunda gran zona son los elementos que retienen humedad: bolsas con agua, inserts y viales. Por peso pueden ser pequeños, pero por número de unidades suelen ser masivos. El papel no siempre cubre la función de retener agua, por eso aquí aparecen con más frecuencia soluciones compostables de nicho.

Limitación: para una evaluación correcta se necesitan datos sobre la norma de compostabilidad y sobre dónde se gestiona realmente este material al final de vida en las regiones objetivo.

Embalaje de transporte y sujeción: cubos, bandejas, cajas, film estirable

En cadenas B2B, el plástico suele estar “oculto” en el embalaje y la sujeción: cubos, bandejas, film estirable y flejado. Aquí hay una diferencia importante respecto a las fundas: parte del embalaje circula y tiene larga vida útil, por lo que la reutilización ofrece un efecto fuerte cuando existe disciplina de retorno.

Decoración y consumibles: cintas, fijaciones, espumas

Los consumibles pequeños suelen generar un “cola” de residuos y, a la vez, complican la clasificación, porque mezclan materiales y añaden plástico de pequeño formato. En volumen puede ser menos que las fundas, pero su impacto en reciclaje es notable. 

Materiales y soluciones que realmente están sustituyendo al plástico

Fundas de papel y papel resistente a la humedad: ventajas, desventajas y límites

El papel aparece sobre todo donde importan la exposición y un fin de vida más claro, y el tramo logístico no está cargado de humedad y transbordos. En retail ya no es un experimento, sino una práctica implantada. 

Qué aporta el papel en escenarios operativos:

  • Una trayectoria de residuos comprensible allí donde el papel se recoge y se recicla realmente.
  • Un formato visualmente “ligero”, sin sensación de plástico innecesario, que coincide con las expectativas de parte de los compradores; esto se refleja en la revisión de preferencias del consumidor de Sustainabloom..
  • En ciertos escenarios de LCA, las fundas de papel muestran una huella comparable o menor, pero solo con supuestos correctos sobre fin de vida y pérdidas de calidad.

Limitaciones que en flores se hacen visibles rápido:

  • Humedad y condensación. El papel común pierde la forma con alta humedad y cambios térmicos. En retail se suele resolver con papeles resistentes a la humedad, pero entonces se vuelve crítico el tema del recubrimiento y el reciclaje: el recubrimiento puede empeorar la reciclabilidad y hay que confirmarlo para cada producto y para los flujos locales.
  • Mecánica y estabilidad de forma. En tramos largos y con apilado denso, el papel se arruga antes, lo que puede aumentar defectos por roce/compresión.
  • Precio y estabilidad de lotes. En implantaciones reales se suele mencionar un aumento de coste y la necesidad de controlar lotes. 

Qué hay que verificar en la práctica (y volverá como principio general más adelante): cómo se comporta el papel al pasar del frío a una zona cálida, con qué rapidez pierde forma durante un armado con humedad y si el recubrimiento no crea una “barrera” que rompa el reciclaje en las regiones objetivo.

Films celulósicos y compostables: dónde encajan y dónde no cuadran

Los films celulósicos y los formatos compostables aparecen con más frecuencia donde se necesita una funda transparente o protección frente a la humedad, pero existe el objetivo de alejarse del plástico convencional.

Dónde suelen estar justificados:

  • Se necesita transparencia (visibilidad del ramo/variedad/marca) y el papel no cubre la función.
  • Hay al menos una comprensión básica de qué ocurre con el residuo tras la venta: si existe compostaje industrial en las ciudades objetivo, cómo funciona la recogida de orgánicos y qué acepta el operador.

Dónde aparece con más frecuencia la brecha entre declaración y efecto:

  • No hay compostaje industrial. Entonces la compostabilidad queda como característica “en el entorno adecuado”, pero la trayectoria real es residuo mezclado. 
  • Transiciones temperatura/humedad. El comportamiento de los films compostables puede diferir del PP/PE habitual. Sin pruebas en la ruta concreta, existe el riesgo de más condensación o más daños por contacto con el embalaje.
  • Formulaciones en el embalaje. Si no se indica con precisión dónde se composta el material (industrial o doméstico), la declaración no es suficiente para decidir.

Limitación de datos: en las páginas públicas de proveedores a menudo no se puede entender qué normas de compostabilidad se aplicaron y bajo qué condiciones debe degradarse el material. Para una implantación operativa se necesita especificación y evidencias; de lo contrario, queda como una promesa de marketing.

Bioplásticos (PLA y otros): temperatura, humedad y condiciones de compostaje

Del PLA y otros bioplásticos en flores se suele hablar como de un “reemplazo verde”. En cadenas reales, el valor de los bioplásticos lo determinan dos factores: el régimen logístico y la infraestructura de fin de vida.

Puntos clave ligados a condiciones:

  • Fin de vida. A menudo se habla de compostaje en condiciones industriales. Si esa infraestructura no existe en las regiones objetivo de venta, el material no llega al escenario de fin de vida declarado.
  • Temperatura y humedad. En flores son críticas las transiciones frío/calor y la condensación. Si el material refuerza el “efecto invernadero” o tolera peor los cambios, las pérdidas de calidad serán mayores que cualquier ganancia por material.
  • Mezcla de flujos de residuos. Un bioplástico que entra en el flujo equivocado (por ejemplo, en reciclaje de plástico donde no se acepta) puede empeorar la clasificación.

Aquí es importante fijar la limitación con honestidad: si la descripción del material no responde con claridad dónde se composta y cómo se separa de otros flujos, no es base para afirmar un efecto ambiental.

PCR y monomaterial: un escenario “transitorio” si no hay compostaje

El PCR y el monomaterial se eligen a menudo no por ideología, sino porque es más fácil encajarlos en los sistemas de reciclaje existentes y, al mismo tiempo, mantener un comportamiento de embalaje ya conocido dentro de la cadena de frío.

PCR como opción práctica

En fundas y films, el PCR reduce la proporción de plástico virgen sin un cambio brusco en las propiedades del material durante la logística.

Limitación: en las descripciones públicas normalmente no se puede entender la proporción de PCR, los requisitos de clasificación ni cómo se comporta el embalaje en sistemas reales de fin de vida en distintos países. Para implantarlo se necesitan especificaciones y un escenario de fin de vida claro en tus mercados.

Monomaterial y reciclaje como línea de trabajo

La lógica del monomaterial es eliminar combinaciones de materiales y capas innecesarias para aumentar la probabilidad de que el embalaje entre en un flujo real de reciclaje y para estabilizar la calidad de un lote a otro. Pero el efecto ambiental sigue dependiendo de la infraestructura: si la recogida y el reciclaje no funcionan, una construcción “correcta” no garantiza el resultado.

Puntos fuertes del escenario PCR/monomaterial

  • un comportamiento más predecible en logística frente a muchas alternativas “bio”;
  • un fin de vida más claro allí donde PP/PE se recogen y se reciclan de verdad;
  • reducción de material virgen gracias al PCR sin cambios radicales de materiales y procesos.

Puntos débiles que no se deben ocultar

  • el PCR sigue siendo plástico, y el efecto depende de la calidad de la recogida, la clasificación y el reciclaje;
  • capas, recubrimientos, impresión densa y adhesivos a menudo hacen que el producto sea “reciclable sobre el papel”, pero de hecho no reciclable;
  • notas de prensa y fichas de producto sin especificaciones no permiten concluir si la solución funcionará en una ruta concreta y dentro de un sistema de fin de vida concreto.

Envases reutilizables y sistemas retornables: dónde el efecto es máximo

La reutilización ofrece el mayor efecto en cadenas B2B con puntos de retorno claros y rotación regular: hubs, subastas, centros de distribución, grandes plataformas mayoristas. Aquí el embalaje deja de ser un consumible y pasa a ser parte de la infraestructura.

Dónde el efecto suele ser más alto:

  • suministros regulares con retorno del envase según calendario;
  • centralización en nodos donde se puede organizar recogida, clasificación y lavado;
  • estandarización de tamaños para reducir daños y acelerar la manipulación.

Limitación clave: sin disciplina de retorno, el envase reutilizable genera pérdidas financieras y se convierte rápidamente en reposición constante de inventario.

Qué dicen la base de investigación y los informes del sector

Demanda y expectativas del consumidor: qué es realmente importante para la audiencia

Hay dos conclusiones consistentes que se repiten en materiales sectoriales: el embalaje es uno de los primeros marcadores de “sostenibilidad” en la percepción del consumidor; existe disposición a pagar más por un embalaje más sostenible, pero depende de la confianza y de una respuesta clara a “qué se mejoró exactamente”.

Un matiz útil de una revisión del embalaje minorista real de flores cortadas en EE. UU. (Gillespie, 2025): el consumidor a menudo no puede entender de qué está hecho el embalaje ni dónde depositarlo, porque no hay etiquetado. En una muestra de 35 envases, el 82% no indicaba el material, y los formatos variaban mucho (OPP, HDPE, papel, PET y PP no tejido). Esto explica directamente por qué la “disposición a apoyar un embalaje más sostenible” se apoya en formulaciones transparentes y en un escenario de fin de vida comprensible, indicado en el propio embalaje. Fuente: https://open.clemson.edu/all_theses/4516/

Limitación importante: incluso con una actitud positiva hacia la reducción del plástico en flores, la condición decisiva es la calidad. Las devoluciones por pérdida de frescura suelen golpear el margen más rápido de lo que aporta el efecto de una etiqueta “correcta”.

Lógica LCA: por qué se comparan materiales por ciclo de vida

El LCA (evaluación del ciclo de vida) es útil porque convierte un “parece más ecológico” en una comparación verificable por escenario: materia prima y producción, transporte y, sobre todo, qué ocurre tras el uso (recogida, clasificación, reciclaje/incineración) y qué supuestos se incorporan al cálculo.

En fundas de embalaje esto es especialmente importante: el “efecto” externo (por ejemplo, papel en lugar de film) por sí solo no responde cuál es el impacto final. La pregunta correcta es: “en qué escenario este material da el mejor resultado, considerando el end-of-life real y que la funda efectivamente entrará en reciclaje”. En el LCA quick-scan de Royal FloraHolland / Partners for Innovation, las fundas de papel (especialmente de fibra 100% reciclada) muestran el menor impacto en CO₂; entre las opciones plásticas, los resultados de PP y LDPE son cercanos, y el resultado final depende fuertemente del escenario de end-of-life (la clasificación y el reciclaje real aportan una mejora notable). 

Limitaciones de la investigación: por qué las conclusiones no se pueden trasladar a cualquier ruta

Incluso los informes y LCA de buena calidad tienen limitaciones que en flores son especialmente visibles:

  • El fin de vida depende de la región. El mismo material, en países distintos, puede acabar en reciclaje, en residuo general o en compostaje (si es que existe). Esto es especialmente crítico para materiales compostables y bioplásticos.
  • La ruta cambia los requisitos. Lo que funciona bien en retail de corto recorrido puede fallar en logística larga con transbordos y transiciones de temperatura.
  • El armado y el almacenamiento a menudo importan más que las propiedades “de ficha técnica”. La humedad en almacén, la densidad de apilado y la velocidad de armado suelen determinar el resultado más que lo que dice la descripción del material.

Matiz práctico: si el embalaje no está etiquetado de forma masiva, incluso un material “correcto” puede no dar efecto: el consumidor y la clasificación simplemente no entienden dónde colocarlo. En el estudio de Gillespie (2025) esto se destaca como un problema sistémico: en una muestra de 35 envases, el 82% no indicaba el material; el autor subraya por separado la necesidad de identificar el material y, cuando sea posible, dirigir el embalaje a canales disponibles de devolución/entrega (incluidos puntos en tiendas para HDPE, donde existan).

Casos reales de implantación: quién cambió y a qué exactamente

Retail: sustitución de fundas plásticas por papel

Morrisons (Reino Unido)

Limitación: a partir de la noticia no se puede reconstruir qué recubrimientos concretos se usaron ni cómo afecta esto al reciclaje en distintas regiones; esos detalles se verifican en las especificaciones del proveedor y en los flujos locales de residuos.

Fabricante de consumibles: sobres de papel + etiquetado de end-of-life

FloraLife (Smithers-Oasis, global)

Qué es importante del enfoque: la empresa subraya por separado que primero evaluó la huella de carbono del embalaje, luego la redujo mediante el paso a papel y compensa la parte restante a través de un socio de offsets. Un punto práctico para el sector es que añadieron en el propio embalaje indicaciones de carbon neutrality y recomendaciones de end-of-life, es decir, hicieron la mejora verificable y comprensible para el usuario/canal de venta (no solo “somos más sostenibles”, sino “qué cambió exactamente y cómo gestionarlo al final de vida”).

Retail: enfoque wrap-free y materiales naturales

Waitrose (Reino Unido)

Limitación: el formato está ligado al escenario de venta minorista y a una campaña concreta; su transferibilidad a entrega y tramos largos requiere verificación adicional.

Entrega: embalaje reciclable y compostable por componentes

Bloom & Wild (Reino Unido)

  • Qué se cambió: el conjunto del embalaje de entrega (caja y elementos internos)
  • Por qué: componentes del embalaje declarados reciclables o compostables
  • Periodo: reflejado en la sección de sostenibilidad vigente de la empresa (sin un año único de implantación en la formulación pública)
  • Fuente: https://www.bloomandwild.com/sustainability/packaging

Limitación: sin especificaciones no se puede concluir sobre normas de compostabilidad ni sobre en qué regiones estos componentes entran realmente en los flujos declarados.

Productor: paso a fundas de papel en el canal mayorista

Van Egmond Matricaria (Países Bajos)

Limitación: es un ejemplo de experiencia sectorial, no un estándar universal; en otras rutas son críticos la humedad/los transbordos/la densidad de apilado.

Fundas con PCR como compromiso escalable

Paardekooper (Países Bajos)

Broekhof (Países Bajos) — обзор del sector

Limitación: sin especificaciones (proporción de PCR, material base, requisitos para el reciclaje) estos materiales no se pueden vincular a condiciones concretas de la cadena de frío ni al fin de vida local.

Iniciativas y pactos: cómo los objetivos del sector “arrastran” la categoría de flores

UK Plastics Pact (Reino Unido)

Soluciones de nicho: hidratación compostable y accesorios

Menagerie (EE. UU.)

Limitación: para una evaluación estricta se necesitan pruebas de compostabilidad (normas, condiciones, certificados) y entender a dónde va este material después de la venta en las regiones objetivo.

Cómo influye el embalaje en la logística y la calidad de las flores

Condensación y ventilación: por qué “respira/no respira” afecta a las pérdidas

En el embalaje de flores casi siempre se forma un microclima. El riesgo principal no es el “frío”, sino el agua en una forma inadecuada: condensación sobre pétalos y hojas, un ambiente húmedo sin intercambio de aire, zonas de contacto mojadas. Después la cadena es típica: hoja mojada → rozaduras/manchas → riesgos fúngicos → deterioro acelerado del aspecto comercial.

Qué contribuye a la condensación:

  • cambios de temperatura (frío → zona cálida en el transbordo → de nuevo frío);
  • hermeticidad del material (el film suele crear un “efecto invernadero”);
  • densidad de apilado (menos aire → mayor riesgo de punto de rocío dentro de la funda);
  • elementos de hidratación húmedos, si entran en contacto con el follaje y el embalaje.

Detalle pragmático: las fundas de papel y los films se comportan de forma distinta. El papel suele “absorber” parte de la humedad y reduce el empañamiento, pero pierde la forma más rápido y puede romperse con alta humedad. Por eso en retail se ven formatos de papel resistentes a la humedad, y no papel común.

Mini-indicador para diagnosticar un lote tras el tránsito: si hay mucha “hoja mojada” y zonas empañadas en la parte superior del ramo, la causa raíz suele estar en la combinación material del embalaje + ventanas térmicas + ventilación.

Humedad, temperatura, mecánica: qué es crítico en un tramo largo

En un tramo largo, el embalaje se enfrenta a tres cargas a la vez, y cada una afecta a la calidad.

  1. Humedad e hidratación del tallo.
    Si el tallo pierde agua, una funda por sí sola no compensa esas pérdidas. A la vez, los elementos de hidratación añaden humedad alrededor de la hoja y del propio embalaje, lo que aumenta el riesgo de condensación. Hay soluciones compostables de hidratación en el mercado, pero no se pueden sacar conclusiones contundentes sin normas/certificados y un escenario claro de fin de vida en los países y ciudades de venta (ejemplo de producto comercial: https://menagerieflower.com/products/eco-friendly-fresh-flower-hydration-wrap).
  2. Ventanas térmicas.
    Lo peligroso no es un frío estable, sino un régimen “en diente de sierra”: cuando el lote alterna enfriamiento y calentamiento. Esto aumenta la probabilidad de punto de rocío dentro de la funda y hace que el pétalo sea más sensible al contacto con el embalaje. En la lógica operativa real, esto suele ocurrir en la zona “transbordo — espera — trámites”, no en el tramo de transporte en sí.
  3. Mecánica: no golpes, sino rozamiento y compresión.
    En un tramo largo, lo crítico no son impactos puntuales, sino el rozamiento constante y el aplastamiento dentro de las cajas con apilado denso. El papel puede verse bien en vitrina, pero en embalaje denso se arruga más. El film mantiene mejor la forma, pero con “ventanas térmicas” genera más empañamiento. Observación práctica sobre el paso a papel con mención de matices de calidad y costes: Van Egmond Matricaria (Países Bajos, 2023).

Conclusión para la sección de materiales: el mismo formato de funda no se puede trasladar “a todas partes” sin probarlo en una logística concreta y con un apilado concreto. 

Compatibilidad con la cadena de frío: aéreo, hubs, última milla

Desde el punto de vista de la cadena de frío, el embalaje es un factor de control del régimen, no un detalle decorativo. Las zonas de mayor riesgo son:

  • Aéreo. Carga densa, posibles retrasos y luego un cambio brusco a un entorno cálido en tierra. En esas transiciones el embalaje a menudo dispara la condensación.
  • Hubs y transbordos. Aquí es donde más a menudo aparecen “ventanas térmicas” y cargas mecánicas. Aquí también se manifiestan los puntos débiles de los materiales: arrugas del papel, empañamiento en films más herméticos, comportamiento inestable de recubrimientos resistentes a la humedad en papel.
  • Última milla. Salida rápida del frío y entrega “en caliente” es un disparador típico de empañamiento. Para retail y delivery, esta zona influye en devoluciones y quejas más que el tránsito en sí.

Economía de las pérdidas: cuando “un embalaje más caro” hace “más barato el resultado final”

En flores, el embalaje suele evaluarse por el precio por unidad. Para calidad y logística, es más correcto calcular el coste de las pérdidas. Esto se nota especialmente cuando cambia el material de la funda o el formato de apilado.

Partidas típicas de pérdida que conviene tener junto al precio del embalaje:

  • devoluciones por apariencia (arrugado, mojado, pétalo dañado);
  • mermas en vitrina (se reduce el tiempo de venta);
  • defectos en recepción (rozamiento, roturas, arrugas);
  • pérdidas reputacionales en delivery (quejas, reenvíos).

Para “papel vs film”, el equilibrio suele cambiar en tramos largos y en la última milla, por eso en la industria crece el papel de comparaciones por escenario y del LCA como marco para discutir el efecto a lo largo de la cadena, y no “por sensaciones”.

Riesgos y errores frecuentes al pasar a un embalaje sostenible

“Eco” sin infraestructura de fin de vida: cómo termina en la práctica

El fallo más común es declarar compostabilidad o biodegradación donde no existe el flujo correspondiente de residuos. El resultado casi siempre es el mismo: el embalaje se va a residuo mezclado y el efecto ambiental declarado no se confirma.

Criterio práctico: si el material se declara compostable, pero no hay respuesta “industrial o doméstico” y no se entiende dónde está disponible en las ciudades objetivo de venta, la declaración queda incompleta.

Materiales mixtos e impresión: qué rompe el reciclaje

El segundo error típico es un embalaje que parece “reciclable”, pero en la práctica no entra en reciclaje porque es difícil de clasificar o porque los recicladores no lo aceptan. Lo que más suele estorbar:

  • “sándwiches” multicapa (papel + film + adhesivo);
  • recubrimientos barrera y laminación;
  • impresión densa, barnices y capas de adhesivo;
  • ausencia de un etiquetado claro del material.

Por eso el mercado se desplaza cada vez más hacia el monomaterial y construcciones más simples: cuando se entiende de qué está hecho el producto y a qué flujo debe ir después del uso. Los proveedores de embalaje suelen formularlo como un foco en reciclaje y en elección de materiales.

Sin pruebas ni procedimientos: por qué la calidad “se desajusta” a las 2 semanas

A menudo el cambio de embalaje se hace “por sensaciones” y según los primeros días. A las 1–2 semanas empiezan a llegar quejas y sube el rechazo, porque:

  • el almacenamiento del embalaje resultó húmedo (el papel y las fundas pierden la forma incluso antes del armado);
  • el armado difiere entre turnos (tensión, longitud de la funda, contacto del pétalo con el borde);
  • el lote de embalaje cambia en grosor/recubrimiento, y eso no se nota de inmediato;
  • la prueba no incluía la duración real del transporte ni la última milla.

La apariencia importa más que la función: cuando el embalaje empeora la frescura

El embalaje puede verse “natural” y ordenado, pero empeorar la frescura si:

  • aumenta la condensación y la hoja mojada;
  • reduce la ventilación en la parte superior del ramo;
  • incrementa el rozamiento del pétalo con el borde de la funda;
  • pierde la forma y empieza a dañar la flor durante el apilado.

En qué fijarse en la descripción del embalaje y en la documentación

Composición y evidencias: material, certificados, fin de vida declarado

En el embalaje para flores no importa la etiqueta “eco”, sino la concreción sobre composición y evidencias.

Qué debería quedar claro en la documentación:

  • composición y construcción exactas: un solo material o capas; si hay laminaciones y capas de adhesivo;
  • recubrimientos: resistencia a la humedad, barrera, “brillo”, y dónde exactamente se aplican;
  • fin de vida declarado con una formulación correcta (por ejemplo, “recyclable where facilities exist” o “compostable in industrial facilities”).

Comportamiento en la logística real: temperatura, humedad, condensación

La documentación del material ayuda, pero en flores manda el escenario de la ruta. En la descripción del embalaje conviene buscar propiedades vinculadas a las pérdidas:

  • respuesta a humedad y condensación (crítico para papel y recubrimientos);
  • estabilidad de forma bajo compresión y rozamiento;
  • características de ventilación (una hermeticidad excesiva aumenta el riesgo de empañamiento);
  • estabilidad de comportamiento en transiciones frío/calor.

Almacenamiento y armado: qué estropea el embalaje antes de la vitrina

Las pérdidas no empiezan solo en el transporte. Las fuentes frecuentes de rechazo son el almacén y el armado:

  • almacenamiento en una zona de alta humedad (el papel se deforma, las fundas pierden la forma);
  • variaciones de temperatura en el almacén;
  • técnica de armado distinta entre turnos (contacto del pétalo con el borde de la funda, tensión innecesaria, funda demasiado corta);
  • cambio poco visible de lote por espesor/recubrimiento.

Embalaje de transporte y apilado: dónde aparecen más daños

Ni siquiera una buena funda salva si hay errores de embalaje y apilado. Puntos de riesgo típicos:

  • apilado demasiado denso sin separadores: rozamiento constante de los pétalos;
  • compresión dentro de la caja: el papel se arruga antes, el film mantiene la forma, pero aumenta la condensación cuando hay “ventanas térmicas”;
  • transbordos en hubs: salidas cortas del régimen + mecánica provocan un aumento rápido de defectos.

Cómo se verifica en la práctica: métricas del test y registro de resultados

Para comparar materiales sin autoengaño, las empresas fijan un conjunto de métricas con la misma metodología. Un mínimo que se ve en la operativa:

Checklist de métricas:

  • defectos en recepción: porcentaje de paquetes/ramos con daños (funda arrugada, roturas, rozaduras en pétalos);
  • condensación tras salir del frío: hoja mojada, empañamiento, humedad en la zona del botón;
  • mermas en vitrina: porcentaje de mermas por SKU y tiempo hasta perder el aspecto comercial;
  • quejas/devoluciones en delivery: por separado “apariencia” y “frescura”;
  • indicadores operativos: velocidad de armado, rechazo de embalaje durante el armado, estabilidad de lotes de embalaje.

Cómo suelen cambiar a un nuevo embalaje sin fallos de calidad

Inventario: dónde el plástico es realmente necesario y dónde es solo inercia

El error de partida es cambiar el material “en general”. Un enfoque que funciona es descomponer el embalaje por funciones y por etapas de la cadena, y luego decidir dónde el plástico cumple una función crítica y dónde se mantiene por costumbre.

Mapa práctico con el que normalmente se empieza:

  • vitrina y armado: fundas/envoltorios, bases, elementos de fijación;
  • hidratación: bolsas con agua, insertos, viales;
  • transporte: cubos/bandejas/cajas, film estirable, flejes, separadores.

Si en este paso se registra de inmediato para cada elemento “por qué existe” (mecánica/humedad/forma/etiquetado), después es más fácil evitar sustituciones que empeoran la frescura.

Aquí ayuda apoyarse en el enfoque que hoy impulsan académicos junto con la industria: primero identificar “hotspots” — en qué puntos de la cadena se acumulan plástico, embalajes y residuos — y solo después elegir alternativas y validarlas “en práctica real” (y no según la ficha del material). En el proyecto de Coventry University se plantea como un problema del sector: a menudo falta información sobre dónde está el mayor aporte, qué alternativas existen y cuán robustas son en la práctica; por eso el trabajo empieza con el mapeo de hotspots y la difusión de soluciones mediante un grupo de trabajo y un guidance booklet. Esto refuerza la lógica del inventario: no “buscamos el material más correcto”, sino que localizamos los puntos de mayor efecto y los gestionamos.

Mini-checklist de inventario (formato de registro):

Elemento de embalaje → función → dónde se usa (vitrina/delivery/mayorista/aéreo) → contacto con humedad/frío → fin de vida en las ciudades objetivo (conocido/desconocido).

Marco rápido 4R para decidir sobre cada elemento

Para que el inventario no se quede en una lista, es útil pasar cada elemento por un orden simple de prioridades 4R (lógica muy usada en recomendaciones del sector para mayoristas — ver Sustainabloom — Plastics Guide for Floral Industry Wholesalers (PDF)):

  • Reduce — ¿se puede reducir material/capa sin riesgo para la calidad y la frescura?
  • Reuse — ¿se puede convertir el elemento en un formato retornable (intercambio/devolución/reutilización)?
  • Recycle — ¿se puede simplificar la composición a monomaterial y entrar en un flujo real de reciclaje en las ciudades objetivo?
  • Replace — solo si las tres primeras no dan resultado: ¿con qué sustituir el material sin aumentar las pérdidas de calidad?

En recomendaciones sectoriales para mayoristas se describe de forma práctica: por ejemplo, en vez de cambiar fundas una y otra vez (“plástico por plástico”), se propone reducir el uso de plástico y sustituirlo por papel donde incluso puede mejorar la calidad por menor humedad libre; y la logística de envases retornables — reutilizarlos de verdad hasta su desgaste total (bucket exchange).

Piloto en un surtido limitado: 1–2 posiciones y un punto de comparación

Un piloto casi siempre debe ser estrecho. No porque “sea más seguro” en abstracto, sino porque de otro modo no se puede entender la causa de los cambios de calidad.

Formato de trabajo:

  • 1–2 referencias que generen un volumen suficiente de repeticiones;
  • embalaje base fijo “como era” y embalaje de prueba “como quedó”;
  • mismo lote de flores y la misma logística, en la medida de lo posible.

Si el piloto afecta al delivery, no se puede evaluar solo por la vitrina. La razón es la condensación y la salida del frío, que solo se verán en la ruta real.

Procedimiento de armado y almacenamiento: para que el resultado no dependa del turno

Después de los primeros días, cuando “parece que todo va bien”, la calidad suele “desajustarse” no por el material en sí, sino por el proceso. En embalaje sostenible esto se nota más, porque el papel y los recubrimientos son sensibles a la humedad y a la técnica de armado.

Lo que normalmente se fija en el procedimiento:

  • almacenamiento del embalaje: lugar seco, control de humedad, protección frente a variaciones de temperatura;
  • armado: dónde la funda debe dejar holgura, dónde se permite la tensión, qué bordes no deben tocar el pétalo;
  • lotes: cómo rastrear espesor/recubrimiento/suministro (el SKU puede ser el mismo, pero las propiedades cambiar);
  • etiquetado y fin de vida: qué formulaciones son aceptables en la etiqueta y qué decir al cliente sin promesas.

Verificación en movimiento: ruta, transbordos, última milla

Otro error es probar el nuevo embalaje solo en condiciones tranquilas. En flores, el “salto” de problemas suele aparecer en etapas con ventanas térmicas y cargas mecánicas.

Un conjunto mínimo de escenarios que da una imagen útil:

  • una ruta con transbordo/hub (si es típica de tu cadena);
  • un escenario de última milla (frío → entorno cálido → entrega);
  • un escenario de almacenamiento antes de la venta (vitrina o almacén).

Escalado: cuándo extenderlo a todo el surtido y qué revisar

Escalar tiene sentido solo cuando los resultados son estables no “unos días”, sino en un periodo donde se manifiestan turnos, lotes distintos y condiciones meteorológicas distintas. En la práctica se suele apuntar a un tramo que permita ver repetibilidad de defectos y devoluciones con las mismas métricas.

Qué se suele revisar antes de ampliar:

  • proveedor y estabilidad de lote (esto pesa más que una descripción bonita del material);
  • diseño de la funda/envoltorio (espesor, tipo de recubrimiento, elementos de ventilación, tamaño);
  • embalaje de transporte y apilado (parte de los defectos nace no en la funda, sino en la caja y en el palé);
  • formulaciones sobre fin de vida (eliminar promesas sin condiciones).

Conclusión

El cambio hacia un embalaje sostenible dejó de ser una cuestión de imagen y se convirtió en una tarea de ingeniería. El mercado se aleja de soluciones simples (“cambiemos todo a papel”) hacia un enfoque por escenarios, donde el material se elige según la ruta concreta y la infraestructura disponible.

Para que la implantación de un nuevo embalaje aporte un efecto real y no pérdidas, la industria converge en tres principios básicos:

  1. La logística dicta el material. Humedad, ventanas térmicas y mecánica de los transbordos son restricciones duras. El embalaje debe soportar la ruta real, no solo verse bien en la vitrina.
  2. Verificabilidad en lugar de eslóganes. Sin infraestructura real de reciclaje o compostaje en la región objetivo, la etiqueta “eco” no tiene sentido.
  3. Economía de las pérdidas. Las flores descartadas por condensación o arrugas casi siempre cuestan más que el ahorro en el precio de la funda.

Implementar este enfoque exige precisión en la comunicación entre comprador, logística y proveedor. No basta con elegir el material “correcto”: hay que fijar las condiciones de funcionamiento a lo largo de toda la cadena de suministro. En este contexto, plataformas como Cargo Flowers se vuelven un eslabón necesario: permiten traducir requisitos abstractos de sostenibilidad y calidad en un conjunto de parámetros de transporte concretos y acordados. Solo así se puede garantizar que la solución elegida funcione en la práctica y que la responsabilidad ambiental no vaya en detrimento de la frescura de la flor.

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